Cuando hablamos de música de nicho, solemos referirnos a tendencias que en general no congregan la masividad como para llenar espacios habituales de la música comercial. El death y black metal en nuestro país siempre han sido considerados dentro de esta categoría, aunque el tiempo ha ido desbaratando esa hipótesis con la realidad. Chile ama el metal.
En ese contexto, la tarde de ayer dio pie para que se realizara la primera edición del The Unholy Trinity, que tendría en su cartel a Diabolvs, Nidhogg, Deicide, y como plato de fondo, Behemoth, quienes en mayo lanzaron una placa que busca romper ese cerco mediático, “The Shit ov God”.
A eso de las 18 horas en punto, con más de 500 espectadores que no querían perder la oportunidad de estar en primera fila toda la jornada, los nacionales Diabolvs salieron con su vieja escuela. A pesar de una pequeña falla en el micrófono que obligó a recomenzar el show, la banda disparó a quemarropa y sin piedad las notas de su death metal con características del sonido tradicional del género. Un manjar.
El quinteto rugió desde el centro de Santiago su visceral propuesta con una ejecución aterradora que simplemente enloqueció a los presentes desde el primer minuto hasta el final de su corta presentación, que como el caudal de un blast beat, corrió veloz y sin piedad. Destacándose desde la voz hasta la ejecución de cada uno de sus integrantes, Diabolvs dejó muy bien parada la escena local.
A las 19 horas, desde Polonia, subió al escenario el proyecto Nidhogg, Una banda sin mucha notoriedad ni popularidad. Sin embargo, a los pocos minutos cautivó a la cancha del Caupolicán, que sedienta de música, se entregó ante el carisma de su vocalista, quién, completamente pintado de negro, surfeó entre el black y el thrash.
La banda hizo lo suyo, tocaron 7 canciones que viajaban por distintos estilos, sonaron bien, entretuvieron, y para finalizar, como una muestra de cariño para el público, lanzaron el clásico “Territory” de los brasileños Sepultura, y como era de suponer, eso provocó el delirio total. La cancha ardió, saltó, coreó y fue protagonista en cada pasaje del clásico. Así, con eso terminó la fugaz presentación de los polacos.
A las 20 horas salió Deicide, clásica banda estadounidense de death metal. Formados en 1987 en Tampa, Florida, son una de las bandas pioneras en el estilo. Liderados desde siempre por Glen Benton (voz y bajo), se hicieron famosos no solo por su sonido extremadamente brutal, sino también por sus letras abiertamente anticristianas.
Hay que decirlo con todas sus letras, Deicide estuvo genial y cumplió con todas las expectativas de cualquier fanático que por más de 30 años ha seguido su carrera. Por 45 minutos, y con 15 canciones, transportó al Teatro Caupolicán a la era dorada del death con sus cantos guturales y screams, reventando las bocinas del teatro que poco a poco se iba llenando a más no poder.
Fue tanta la locura en la cancha y tan sincera la entrega del público chileno que el rostro del frontman no podía evitar las honestas muestras de cariño para nuestra fanaticada, que cantó cada canción como si fueran himnos propios, y que definitivamente lo son. Deicide marcó una época y momento, y tenerlos en casa fue una experiencia completamente desbordante, un ritual blasfemo, una misa del metal. Gracias Deicide, y por supuesto, gracias Glen.
Con una espera un poco más prolongada, a eso de las 21:20, el grupo polaco Behemoth se apoderó del sonido de la cancha, y como directores de orquesta, dirigieron la macabra sinfonía al mismo infierno de nuestra capital.
Behemoth es un proyecto que lo entendió todo. No se puede hablar de teatralidad, sería una falta de respeto. Personificación, esa es la palabra correcta. El cuarteto emerge del mismísimo infierno en busca de almas desesperadas y pecadoras, y con su música empujan a lo controversial y provocador.
Con coherencia y sincronía, la banda viaja desde su más reciente material hasta sus orígenes sin tapujos, entrelazando cada pieza con coreografías simples y efectivas, donde se lucen los atavíos con los que el cuarteto transporta a su público a la imaginería del infierno.
Sonaron perfecto, salvo una bocina derecha que a veces soltaba un quejido que seguramente quedó como recuerdo de Benton, que no podía pasar por Chile sin dejar algún estrago. Pero, salvo eso, que finalmente es un detalle que servía para vestir la oscuridad de los europeos, la emblemática agrupación demostró la liga en la que juega.
Estamos viviendo la época en que el death metal saltará a los estadios, y son bandas como Behemoth las que entendieron que para eso hay que trabajar. No solo con buenas canciones coreables, sino edificando un show que abarque más allá de lo musical.
Negral, su vocalista, maneja muy bien los tiempos de escena. Muy pocas veces sale de su personificación y dirige el show como lo haría la maldad misma. Blasfemias, gestualidades violentas y marciales, ayudan a construir el relato de una épica oscura que el público chileno agradeció ayer y se entregó al juego de roles al que nos invitaron.
Seth (guitarra) y Orion (bajo), como buenos cardenales, cubren cada movimiento de Negral en el escenario. No solo geográficamente, también en lo musical. La banda suena a directo con acompañamientos de secuencias, pero sin perder la fibra misma que estás presenciando algo orgánico tocado.
En una tarima al fondo se eleva Inferno con la batería, encargada de la coherencia rítmica del proyecto. Este espacio, en lo alto, se utiliza como un acento visual, donde la banda sube para destacar y dar carácter a pasajes de su show. Ese juego visual ayuda a que toda la presentación se convierta en algo un poco más sofisticado que un concierto de metal, sino que un verdadero espectáculo. Definitivamente, Behemoth en nuevo paso por Chile demostró que está apuntando a cosas más grandes, y fuimos parte de ese proceso.
Así nos despedimos de este The Unholy Trinity 2025. Excelente jornada, gran sonido y muy buenas bandas. Palmetazos de felicitaciones para la producción. Desde acá nos despedimos hasta el próximo show. Somos Rock Legacy y cumplimos una vez más con acercarte a lo que ocurre en la cartelera del rock y metal que visitan nuestro Chile querido.

