Nostalgia, ropa ancha, gorras rojas por miles y muchas ganas de pasar una tarde llena de música y entretención, eso es lo que se vió desde temprano en el Estadio Santa Laura y alrededores este sábado 13 de diciembre, en lo que sería la primera versión del Festival Loserville en Chile.
Slay Squad dieron inicio a la jornada con un show lleno de energía, canciones potentes y mucha interacción con el público, quienes se metieron de lleno en su presentación y corearon el nombre de la banda de buena gana, logrando que los músicos se emocionen hacia el final y pidan a la gente que los cante una vez más.

El siguiente turno fue de Riff Raff, músico que subió solo acompañado por un micrófono y unas bases simples, que nunca se escucharon del todo bien, sobre las cuales cantó con una voz inexpresiva y zigzagueante. Sólo con Fred Durst acompañándolo pudo mantener algo de atención, en un show pobre que pasó sin pena ni gloria.

Ecca Vandal sí trajo una buena propuesta, bastante ecléctica y juguetona, que se compone de peso, bastante groove y samplers que, unidos a su voz, a ratos recuerda a ciertas secciones de Poppy, aunque con más hip hop que otra cosa. Los músicos que la acompañan son muy buenos, incluyendo a Richie Buxton a cargo de bajo y guitarra, quien está acompañando a Limp Bizkit en reemplazo del malogrado Sam Rivers.

“Bleed But Never Die” explota en una sección punk que energiza al público, mientras Ecca canta y baila, seduciendo a la fanaticada y recibiendo sobre el escenario a los Slay Squads, quienes se han dedicado a pasarlo bien y compartir de buena gana. También vuelve a subir Fred Durst para acompañar en la canción “Cruising to Self Soothe” en un momento para atesorar.
Llega el turno de los pesos fuertes, con una banda histórica que cimentó el camino para cientos, partiendo por los anfitriones Limp Bizkit. Nos referimos a 311, quienes abren con “Beautiful Disaster” y siguen con la celebrada “Come Original”. En “Freak Out” reciben a Fred, que los acompaña gustoso, antes de que la banda se calme y lance “Lovesong”, el cover en versión reggae del clásico de The Cure. “Applied Science” es muy intensa y da paso a un gran solo de batería de Chad Sexton, que finalizó con una especie de batucada con la compañía de la banda. Músicos excelentes, canciones que tienen todos los elementos necesarios para hacerlas memorables y una energía que te tira para arriba de inmediato.

“Amber” es coreada en general, mientras la fuerza de “Creatures” da el empujón para ir cerrando con la clásica “Down”. Nick Hexum y Doug Martinez han demostrado que la energía no les falla y mucho menos la voz. “Feels So Good” despide a 311 en un espectáculo que engrandece tus pensamientos positivos.
Llega el turno de “Bullet for my Valentine”, los invitados de última hora se lanzaron al hueso con “Her Voice Resides” y “4 Words”, dejando a sus fanáticos felices para luego saludar y agradecer a Limp Bizkit por permitir esto. “Tears Don´t Fall” es presentada celebrando los 20 años de su disco debut y la gente se vuelve loca, gritando, saltando y coreando. La banda tiene un aura emo llena de melodías y ganchos, pero su base metálica es indiscutible, y con sus riffs, doble pedal y gritos empujan al mosh en reiteradas ocasiones. En un momento el vocalista Matthew Tuck recibe una polera de la selección chilena de fútbol y se la coloca con la condición de que el público se vuelva loco.

El set es intenso e incluye temas como “Hand of Blood”, “Room 409” o “Cries in Vain”, para comenzar a despedirse con la épica “The End”, que tiene un final veloz, en donde Matthew pide moshpit, el que se cumple en distintos puntos de la cancha. Para “Walking the Demon” pide locura y el público lo da todo en el epílogo de un show que fue muy esperado, y que seguramente no olvidará las palabras finales del vocalista: “Nos vemos el próximo año, se los prometo”. Habrá que esperar.
Para el final, los anfitriones, la banda que marcó época cuando el nü metal se tomó la televisión y la farándula, una banda que muchos pensaron pasaría rápido y olvidable, pero que aquí están, más de 20 años después recorriendo el mundo con fanáticos originales y otros más chicos que se emocionan como si los conocieran de siempre.
Limp Bizkit proyecta un video homenaje al fallecido Sam Rivers ante los gritos y aplausos emocionados, que se intensifican cuando aparece la banda en escena y suenan los primeros acordes de “Break Stuff”. La energía crece y crece y todo el mundo salta, mientras al momento del quiebre, la expectación se apodera del recinto y los revoltosos de Slay Squad se unen para hacer explotar un momento memorable.

Wes Borland hace un guiño a Master of Puppets de Metallica y dan el vamos a “Hot Dog”. Fred Durst saluda a todos los loosers, y es que aun cuando la fama se hizo total y hasta insoportable en algún punto, esta música siempre fue refugio de perdedores que le dieron una vuelta de tuerca a su vida.
“Show Me What You Got” es seguida de una sección con DJ Lethal mostrando sus dotes en tornamesas y una “My Generation” que fue recibida como un clásico, con emoción y gritos por todo el recinto. “Rollin” pone nuevamente a todos a saltar y a hacer la coreografía del manubrio que fue un ícono del movimiento nü metal más rimbombante. El final con “Proud Mary” de Creedence fue un momento que mezcló ironía y goce en partes iguales.
“My Way” bajó los decibeles hasta que todos se emocionaron de manera intensa y gritaron con el alma en las secciones fuertes. Dj Lethal siguió entregando movimientos de muñeca en la tornamesa para dar paso a “Boiler” y “Take a Look Around”, aquella canción del recordado soundtrack de Misión Imposible 2.
Llegando al último tercio, sube al escenario Ecca Vandal y se despachan una gran versión de la gigante “Sabotage” de Beastie Boys. “Is Anybody Hungry?” Pregunta Fred y todos saben que se viene “Eat You Alive”, explotando el estadio de nuevo. “Behind Blue Eyes” fue una versión no muy aplaudida en su tiempo, pero sirvió para acercar a los clásicos The Who a otras generaciones, y la gente disfruta el momento.
“Dad Vibes” precede a “Nookie”, el primer megaéxito de la banda, paso previo a su explosión mundial, entregando la posta a “Full Nelson”, que, como es costumbre, contó con la participación de una fan escogida del público, quien se lució cantando todo de gran forma y con un carisma tremendo. Aplauso cerrado. Ahora, suena “Careless Whisper” y sabemos que es turno del cover de “Faith” de George Michael, esa representación de la rabia de fines de los noventa que hoy parece sólo un recuerdo.
La banda cierra tocando nuevamente “Break Stuff”, lo que entrega otro momento de desahogo, ahora sí en el final, a la gente que ya se ha entregado por completo. Puede ser una decisión extraña, pero funciona muy bien. El cierre es en alto y resonará por mucho tiempo más en todos los que llegaron a vivir la fiesta del Loserville, la que estuvo a punto de no suceder, pero se transformó en una experiencia nostálgica muy exitosa y sin precedentes.

Fotos gentileza de Lotus @el.eme y @estricolor

