Luego de una larga espera, COVID-19 y conflicto bélico en su país de por medio, finalmente Jinjer concretó su postergado retorno a Chile, a cuatro años de su debut, en esa oportunidad en Blondie.

La banda ucraniana y su fiel fanaticada nacional por fin pudieron volver a verse las caras, y no es un mero decir, pues literalmente el espectáculo de ayer es uno de los primeros en los que el uso de mascarillas ya no es obligatorio. Lo que sí pululó entre el público fueron las poleras de la agrupación e incluso banderas y carteles exigiendo el fin de la guerra en Ucrania.

Como encargados de abrir la jornada estuvieron las bandas nacionales Before Breathing, provenientes de Rancagua, y We Are the Monster, oriundos de Santiago; los rancagüinos deleitando a la audiencia con la potencia de canciones como “Suffocating” y “The Last Funeral” de su EP “Eternal Shadows of Existence” de 2021 y “The Fall of Men” y “Breathe again”, de su EP “Born into Chaos” de 2018, mientras que los capitalinos encendieron el teatro con “Destructive World”, “Dirty” -su más reciente sencillo-, “Fearless”, y “Fire”.

                 

Fotos: Miguel Fuentes

Siendo las 9 de la noche en punto, se apagan las luces y se plantan en el escenario Vladislav “Vladi” Ulasevich (batería), Roman Ibramkhalilov (guitarra) y Eugene Abdukhanov (bajo) y, en último lugar, Tatiana Shmailyuk (voz) para dar la partida a “Sit Stay Roll Over”, de su disco “King of Everything” de 2016, como un feroz combo en la cara que no viste venir y que te tumbó al suelo de una. No alcanzaste ni a levantarte y ya había empezado a sonar “On the Top”, de su disco “Macro” de 2019, y así sin dar respiro se sucedieron “Pit of Consciousness” y “I Speak Astronomy” también de los álbumes anteriormente mencionados.

Foto: Miguel Fuentes

 

La ganchera “Disclosure!” fue el primer tema de su más reciente trabajo “Wallflowers” (2021) en hacer retumbar el Teatro Coliseo anoche. Hasta aquí, tanto quienes les habían visto por primera vez como también sus fieles seguidores podrían perfectamente dar fé de que se estaba ante la presencia de uno de los más notables despliegues de ferocidad, groove y melodía que se podrían dar en un show de metal o de rock en general del último tiempo.

La banda se distingue por amalgamar diferentes estilos musicales, echándole a su olla sonora porciones de R&B por aquí, algo de soul o funk por allá así como también jazz y reggae, ingredientes que son revueltos con la ferocidad propia del metal y dan como resultado una pócima musical única en la actualidad y les hace indistinguibles dentro de la escena. Ejemplo de lo anterior es “Judgement (& Punishment)”, que inicia con un riff de guitarra de baja afinación (como es lo habitual en Jinjer) encima de una firme base rítmica de batería y bajo que luego da paso a un sonido en clave reggae que se va alternando con la ferocidad de las voces guturales de Shmailyuk que -a su vez- va intercalando melódicas frases en el coro. Una joya de su discografía que el público -que llenó el Teatro Coliseo– disfrutó como la ocasión lo ameritaba: gritando, saltando, danzando, empuñando el puño, haciendo los cuernos, todo a la vez.

Foto: Miguel Fuentes

Teniendo en consideración que la razón por la cual la banda se encuentra actualmente girando es la promoción de su más reciente trabajo lanzado el año pasado, guarda absoluta lógica que la mayor cantidad de las canciones presentadas ayer sean parte de este disco: por ejemplo, “Sleep of the Righteous”, intensa canción que narra la primera experiencia de parálisis del sueño que tuvo la cantante fue una de las cinco canciones aparecidas en “Wallflowers” que sonaron anoche.

Luego, el recinto de calle Nataniel Cox se quiso venir abajo con “Teacher, Teacher!”, canción de su EP “Micro” de 2019, en la que Shmailyuk quiso aprovechar el fervor del público pidiéndole corear y aplaudir. Sin duda una de las canciones más esperadas de la jornada y que, además, sirve para hacer un punto: gran parte de la robustez del sonido de la banda, además de hallarse en la enorme capacidad vocal de Shmailyuk, se encuentra en la batería de Vlad Ulasevich, el más “nuevo” en el grupo (ingresó en 2016). Es la sólida base donde se erige este coloso sonoro llamado Jinjer y, al mismo tiempo, el reloj que lleva con precisión los tiempos de la banda. Acto seguido vino “Perennial”, otro tema del EP “Micro” de 2019, un viaje que inicia suave pero, de la nada, vas a 140 km/h en carretera sin haber alcanzado a ponerte el cinturón de seguridad.

Foto: Miguel Fuentes

“As I Boil Ice” y “Call Me a Symbol” fueron otras de las más recientes credenciales aparecidas en el álbum “Wallflowers” que la banda interpretó y que certifican el nível de la banda en la escena del metal moderno. Entremedio, sonó “Pisces”, canción con casi 30 millones de reproducciones en Spotify, posiblemente el mayor éxito de la banda, y que fue recibida con la mayor de las euforias por parte del público apenas oyeron la primera nota del arpegio de guitarra de Roman Ibramkhalilov. A esa altura la vehemencia con la que el público gozaba del show le empujaba a corear, de tanto en tanto, el clásico “Olé, olé, olé” con el que en Chile se suele manifestar cariño por la banda que se está presentando. Luego de eso, Shmailyuk dedica, a modo introductorio de la siguiente canción, unas palabras a lo que está ocurriendo en su natal Ucrania. Luego de este emotivo preámbulo, comienzan a sonar el redoble de tom de base a cargo de Ulasevich y los riffs de guitarra de Ibramkhalilov de “Home Back”, canción con la que comenzamos a acercarnos a la hora de show.

Foto: Miguel Fuentes

 

Con el público aún en llamas, comienza el tramo final de la presentación, momento en el que sonaron “Call Me a Symbol” y “Captain Clock”, tras lo cual, la cantante Shmailyuk se vuelve a dirigir al público, esta vez para agradecerle su presencia y su paciencia luego de dos años sin haber podido concretar este regreso a Chile y reconoce que no encuentra las palabras para describir lo que siente en ese momento. El público estalla eufórico. Proceden a interpretar “Vortex”, de su último álbum “Wallflowers”, luego se sacan fotos, saludan a su fanaticada, y se despiden con la clara satisfacción de haber vuelto a un lugar donde se les estaba esperando hace mucho tiempo y al que lograste regresar a pesar del viento, de la marea, de una pandemia y de una guerra.

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