Fotografías: Ramón Gómez Instagram: @el.eme

La noche del jueves 26 de marzo el Movistar Arena se sintió como un gran punto de encuentro. Éramos miles entrando al primero de cinco conciertos agotados de la gira Ecos, con la mezcla rara de ir a ver una banda que amamos y, al mismo tiempo, a un Gustavo Cerati que sabíamos que no está, pero que de alguna forma iba a estar igual.

Lo que más rondaba en la cabeza era esa frase que dijo en la última gira “Me Verás Volver” en Santiago en 2007, cuando se despidió con un “Nos vemos en la próxima. De la forma que sea”. Ayer esa promesa dejó de ser solo un recuerdo.

Fotografías: Ramón Gómez Instagram: @el.eme

Cuando se apagaron las luces el murmullo se cortó de golpe y la primera ráfaga de gritos salió casi automática. Sonó “Ecos” como apertura y de inmediato enganchó “Juegos de Seducción”, pura energía ochentera, con todo el Movistar saltando y cantando a todo pulmón. En la pantalla apareció la figura de Cerati caminando hacia el micrófono. Bastó un saludo corto, muy propio de él, para que el lugar completo explotara. En ese momento todo lo que habíamos leído sobre hologramas y tecnología pasó a segundo plano. Lo que se sentía era Soda Stereo en presente.

Desde ahí en adelante fue un karaoke gigante. “Nada Personal” sonó como declaración de generaciones ansiosas por ver a Soda. “Hombre al Agua” fue un desahogo puro. “Ella Usó mi Cabeza como un Revólver” se sintió como una catarsis oscura absoluta, con el público cantando cada verso, sintiéndola a fondo. En cancha había familias completas, grupos de amigos que se conocen desde la infancia y también adolescentes que probablemente descubrieron estas canciones en plataformas digitales. Todos cantando igual de fuerte. La “sodamanía” dejó claro que sigue viva y que ya no pertenece a una sola época.

Las experiencias en tres dimensiones llegaron con “Cuando Pase el Temblor” y “Primavera 0”. La sensación de profundidad en las pantallas y el trabajo con el espacio del Movistar Arena fueron llamativos, pero lo que realmente golpeó fue ver a Gustavo en tamaño gigante, con una nitidez que por momentos confundía. Sabíamos que era un avatar muy trabajado, pero las luces rebotando en su silueta hacían que pareciera compartir el mismo aire que Zeta Bosio y Charly Alberti, que tocaban a su lado con la seguridad de quien ha pasado la vida sobre un escenario.

Fotografías: Ramón Gómez Instagram: @el.eme

El setlist se movió por casi todas las etapas de la banda. “Luna Roja” fue un clima denso. “El Séptimo Día” y “Zoom” tuvieron un aire más contemplativo, con este último apareciendo solo imágenes representativas en las pantallas gigantes con la voz de Cerati, y la banda de fondo. Hubo guiños para los más fanáticos con “Planeador” y “Final Caja Negra”, que recordaron la etapa más experimental. Y por supuesto no faltaron “Sobredosis de TV” ni “Persiana Americana”, interpretada por los tres en la pantalla gigante, encendiendo de inmediato ese modo fiesta nostálgica que solo Soda puede lograr.

Uno de los momentos más lindos fue “Un Misil en mi Placard” en formato unplugged, con la banda bajando un cambio, Cerati cambiando de guitarra a la clásica acústica usada en MTV, y el público haciendo suya cada línea. Más adelante, “Prófugos” convirtió el recinto en una pista de baile y preparó el terreno para el final que todos esperaban.

“De Música Ligera” fue el cierre soñado. En las pantallas apareció un Cerati joven, lleno de energía, mientras Zeta y Charly surgieron de sorpresa en dos tarimas ubicadas en cancha para tocar rodeados por la gente. El grito final, ese “gracias totales” que ya es parte del ADN de todos los fans y que todavía pone la piel de gallina al recordarlo. Después llegaron los créditos en la pantalla gigante, con agradecimientos a todo el equipo técnico y creativo, detalle que dejó claro que detrás de la emoción hubo un trabajo enorme para que esto ocurriera.

Al encenderse las luces se veía a muchas personas llorando, abrazadas. Algunos se consolaban, otros se quedaban un rato sentados, en silencio, tratando de procesar lo que acababan de vivir. En un mismo lugar se juntaron quienes vieron a Soda en los años ochenta, quienes estuvieron en el “último concierto”, quienes alcanzaron a verlo en solitario y quienes sólo lo conocieron por videos. Todos compartiendo la misma sensación de haber cerrado, aunque sea un poco, una herida abierta.

Ecos funciona. Emociona. También incomoda un poco. Abre una pregunta que va a seguir sonando cuando se apaguen las pantallas. ¿Estamos listos para ver a nuestros artistas volver una y otra vez como hologramas o después de este abrazo colectivo hay que dejarlos descansar? Ya que el mismo Cerati como solista solía decir “Poder decir adiós, es crecer”.

No hay una sola respuesta. Lo que sí parece seguro es que la música de Soda Stereo y de Gustavo Cerati no necesita de ninguna tecnología para seguir viva. Ayer quedó claro que está guardada, con o sin avatar y hologramas, en la garganta y en los corazones de todos los que cantamos hasta quedarnos casi sin voz. Sin dudas, Cerati y Soda pueden volver “de la forma que sea”.

Setlist:

  1. Ecos
  2. Juegos de Seducción
  3. Nada Personal 
  4. Hombre al Agua 
  5. Ella Usó mi Cabeza Como un Revolver 
  6. Cuando Pase el Temblor (Experiencia 3D) 
  7. Luna Roja
  8. (En) el Séptimo Día
  9. En la Ciudad de la Furia 
  10. Sobredosis de TV 
  11. Persiana Americana 
  12. Un Misil en mi Placard (Formato unplugged) 
  13. Zoom (sin banda en escenario) 
  14. Planeador 
  15. Final Caja Negra 
  16. Primavera 0 (Experiencia 3D) 
  17. Prófugos 
  18. De Música Ligera 
  19. Zona de Promesas (suena en los créditos)

Por Angel Ordenes

Periodista y redactor en Rock Legacy