Antes de que Halestorm apareciera en grandes carteles y escenarios, hubo un momento más crudo y urgente: One and Done. Publicado hace casi 20 años, en abril de 2006, este EP en vivo de menos de veinte minutos no busca impresionar con artificios: busca convencer. Y lo hace desde la energía más básica del rock, esa que no se puede editar.

Desde el primer acorde, la banda deja claro que su potencia no viene del adorno sino de la decisión. Lzzy Hale, al frente con voz, guitarra y teclado, muestra carácter y rango, mientras Arejay Hale marca cada golpe de batería con precisión y fuerza; Joe Hottinger y Josh Smith completan la base con guitarras y bajo que sostienen y empujan el conjunto. Esa química permite que cada frase, cada riff y cada cambio de tempo se sienta inevitable, como si no pudiera ser de otra manera.

La apertura con It’s Not You es directa y desafiante: no hay metáforas crípticas ni dramatismos innecesarios, solo una declaración que cierra puertas con firmeza. La seguridad con que Lzzy canta cada línea —ese “I’m in love with somebody… and it’s not you”— deja claro que no es un desahogo adolescente, sino decisión tomada; la energía proviene de la afirmación, no de la queja.

Después de ese golpe frontal, The Hand introduce densidad y gravedad. La canción se mueve con calma calculada, y la repetición de su motivo central funciona como advertencia: todo vuelve, todo se paga. No hay explosión inmediata, sino paciencia que pesa y que convierte la tensión en algo casi ritual.

Entre estos extremos, surge Show Me, un instante de vulnerabilidad. La música se abre, respira, y la voz deja ver fisuras que antes no se habían mostrado. Reconocer lo que falta sin perder intensidad demuestra que Halestorm ya sabía construir climas, sostener tensión y mezclar fuerza con cuidado.

Luego llega la descarga de Blue Eyes, donde la velocidad y la energía se sienten casi punk. Sin embargo, debajo del vértigo hay cuidado: la voz se convierte en refugio, ofreciendo consuelo incluso en medio del caos. Esa mezcla de intensidad y humanidad anticipa una de las virtudes futuras de la banda: sonar feroces sin dejar de sonar cercanos.

El cierre con Takes My Life vuelve a tensar la cuerda, combinando agresividad rítmica con desgaste emocional. La letra sobre confusión, manipulación y quiebre transmite espiral, insistencia, límite y resolución implícita. No hay catarsis limpia; hay un punto de quiebre que queda flotando, inquietante y poderoso.

En menos de veinte minutos, One and Done dibuja un arco claro: afirmación, advertencia, introspección, consuelo y quiebre. No es un disco conceptual en sentido estricto, pero sí un retrato coherente de Halestorm en su primera declaración de identidad. Cada frase, cada riff y cada frase de la voz se siente como extensión natural de lo que las letras transmiten.

Más que un EP en vivo, este registro es el momento en que Lzzy, Arejay, Joe y Josh dejan de sonar como promesa y empiezan a sonar como certeza. Sin maquillaje, sin correcciones de estudio: solo banda y hambre. Y, a veces, eso es suficiente.

Recuerda que Halestorm regresa a Chile -después de casi 13 años de su debut- este viernes 27 de marzo. Puedes adquirir tus entradas para la cita en Teatro Coliseo a través de sistema PuntoTicket.

Por Eduardo Soto González

Profesor de Inglés de profesión, cronista musical por vocación.