Quiero comenzar esta crónica recordando la emoción cuando vi el anuncio del regreso de Rhapsody a nuestro país, pero esta vez se iban a atrever a tocar con una orquesta y con coro. Como lo señalé en mi nota previa al show, era el sueño de todo adolescente de finales de los 90 y principios del 2000 que escuchaba power/epic metal mientras jugaba rol, juegos de mesa o para los que leían literatura fantástica. Y lo vivido anoche realmente no tiene comparación.

Las puertas se abrieron muy temprano, a eso de las 18:00 hrs. donde la gente comenzó a llenar el recinto. Faltando 15 minutos no entraba un alfiler más al Teatro Caupolicán. Hace mucho tiempo que no veía al venue a toda capacidad. La orquesta ya en posición, entra el primer violín el cual da la nota inicial para afinar todos los instrumentos. La importancia de este rol es clave ya que el primer violín tiene el liderazgo técnico y es prácticamente la mano derecha del director. Hasta que entra el director, el cual es aplaudido como uno más de la banda, ya que prácticamente lo es. Incluso pudimos ver a Alex Holzwarth apoyarse en el director en muchos momentos.

La introducción “In Tenebris” dio el pié inicial con una orquesta y coro emocionado de estar participando de este gran momento, dando el espacio para que “Dawn of Victory” generara la amalgama total. Un Rhapsody definitivo. Un Rhapsody con esteroide. El Rhapsody que siempre quisimos ver. Y vaya que lo disfrutamos.

créditos Ignacio Orrego / @fotorock

No alcanzamos a dar un respiro cuando el gran Fabio Lione, y quien ya lo consideramos como un chileno más, en un casi perfecto español, anuncia “Wisdom of the Kings”. El público explotó. Un gran acierto fue, que a pesar que el show fuera sinfónico, no arruinaran el momento colocando sillas en la cancha. Realmente no puedo decir que la gente tuvo el espacio para generar grandes moshpit, pero se armaron igual. La cancha, la galería y el palco estaba disfrutando la simbiosis del sonido que en gran parte de la jornada fue perfecto.

Para mí, uno de los grandes fuertes de la noche fue la llegada de “Eternal Glory”. Nunca había sonado tan gloriosamente eterna esta canción en vivo, ya que no solo la banda sonaba bien, ni tampoco la orquesta o el coro, si no que el público, que fue el cuarto ingrediente en esta ecuación. “Eternal glory ride fast to me, pound in my heart for the Algalord kings… Eternal glory spread your wide wings, fly and forever lead my holy steel” se podía escuchar a todo pulmón y si no me crees, puedes revisar en nuestras redes parte de la cobertura. Quedó grabado, pero no solo en lo digital, si no que en nuestra memoria.

Continuó Fabio contando la anécdota de cómo fue su relación con Sir Cristopher Lee (Saruman, Conde Dooku, Sherlock Holmes) y como nació la canción que iban a interpretar, dedicándosela. “The Magic of the Wizard’s Dream” sonó con respeto, disfrutando de la capacidad vocal de Fabio Lione. El público prendió las linternas de sus celulares y el ambiente del Caupolicán fue eterno.

créditos Ignacio Orrego / @fotorock

“Power of the Dragon Flame” y la llamativa “The Village of Dwarves” fueron un excelente momento para disfrutar también de los dotes de Luca Turilli, Dominique Leurquin y Patrice Guers, quienes estuvieron acompañado por el excelente tecladista nacional Nicolás Quinteros (Delta, Kuervos del Sur), quien desde las sombras llevó el ritmo y los detalles que hace a Rhapsody una banda completa.

Las siguientes canciones solo fueron disfrute. La banda nos agasajó con un setlist que tuvo grandes momentos sinfónicos con “Triumph or Agony”, “Beyond the Gates of Infinity”, “Knightriders of Doom”, “Son of Pain” y “Riding the Winds of Eternity”. Pero no fue hasta con la extensa “Symphony of Enchanted Lands” con la cual la audiencia reaccionó positivamente, ya que poder escuchar una canción de 10 minutos en donde la orquesta toma total relevancia, se convertía en algo único.

El concierto se sentía que llegaba ya a un momento final, pero estábamos muy equivocados, aún quedaba Rhapsody. El día de la ira llegó con un solo de batería de Alex, acompañado con la orquesta y el coro que hacía sonar “Dies Irae”, original del S. XIII anunciando el día del juicio final. Continuó uno de los primeros tema de la banda “Lands of Immortals” que la continuaron con la maravillosa “The Wizard’s Last Rhymes”. Patrice Guers nos sorprendió con un solo en el bajo que hizo al público vitorearlo por varios segundos. Pero era el momento para que Fabio Lione volviera a lucirse. Nos deleitó con una versión en español de la canción “Con te Partiro” de Andrea Bocelli, destacando el buen momento vocal que ha mantenido por toda su carrera.

El final de la primera parte terminó con “Holy Thunderforce”, que como dice la canción, llegó con la fuerza de un trueno para reactivar al público entre saltos, mosh, y algarabía.

créditos Ignacio Orrego / @fotorock

La segunda parte, luego de no más de 2 minutos de descanso, comenzó a sonar con la intro “Epicus Furor” y las emociones se trasladaban a 1999 porque sabíamos lo que se venía. “Emerald Sword” fue cantada con tanta pasión que se sentía que el teatro se iba a venir abajo. “For the kings, for the land, for the mountains, for the green valleys, where the dragons fly…” el coro inundaba el Teatro Caupolicán. Un pequeño descanso con la hermosa “Lamento Eroico” para terminar la jornada con “Unholy Warcry” acompañado con un final sinfónico que daba el espacio a las guitarras de Luca y Dominique lucirse por última vez.

Va a ser dificil superar este concierto. Desde “el español es más caliente, es más hermoso” de Fabio Lione, hasta los cánticos de agradecimiento para la orquesta con un “orquesta, orquesta, orquesta” y al final también para el coro “coro, coro, coro”, la noche del 11 de Junio del 2026 se erige como un hito importante en el país. Y será recordada por miles de chilenos que estuvieron en la primera noche del Rhapsody definitivo.