Los chilenos SteelRage y los argentinos InnerForce tuvieron la desafiante y envidiable misión de calentar la pista para una noche de leyendas, abriendo el escenario del Teatro Cariola para Vision Divine, Grave Digger y Masterplan.

Ambas cumplieron con creces. 

Los nacionales no decepcionaron, entregando un set corto pero cargado de intensidad y actitud. Con la potencia de un tren de carga, abrieron con “Death at Your Back”, un golpe directo de heavy metal tradicional con una ejecución impecable. La banda, sólida y con gran presencia, mantuvo la energía con el himno “Glory” y el mid-tempo épico de “Through the Storm”.

El público, que ya llenaba el teatro, respondió con calidez, levantando puños al ritmo de los riffs. Tras un rápido paso por “The Last Card”, la banda cerró su presentación con el motivador “We’ll Never Give Up”, un tema que resume su espíritu de lucha. SteelRage cumplió su rol a la perfección, dejando la atmósfera hirviendo y demostrando que el metal chileno tiene fuerza de sobra.

Fotografías por Rubén Garate @brutal_pebre_

Los trasandinos demostraron porqué son considerados una de las promesas del power/prog metal de la región, conquistando rápidamente a un público ansioso.

El show fue un golpe de energía concisa. Iniciaron con la potencia de “Until We Fall” y la dramática “Before I Die”, capturando la atención con riffs pulcros y una voz potente que supo manejar la intensidad del recinto. El setlist, aunque breve, fue estratégicamente diseñado para impactar.

Continuaron el viaje épico con “The Last Ride”, que ofreció un respiro melódico antes de volver a la carga con la descarga de adrenalina de “Revolution”. El momento definitorio llegó con el tema homónimo, “InnerForce”, una pieza que permitió a la banda lucir su destreza técnica e instrumental.

Para el gran final, la banda se despidió con la épica y coreable “Galleons of Nations”. InnerForce no solo calentó la sala para los actos principales, sino que plantó su bandera. Con una ejecución precisa y una conexión palpable con el público, demostraron ser una apertura de lujo que puso la vara alta para el resto de la velada. Una noche de gloria para el metal sudamericano.

Fotografías por Rubén Garate @brutal_pebre_

Vision Divine ha experimentado cambios importantes en su alineación durante su vida, pero creemos que esta nueva formación ha llegado para dar que hablar, ya que la magia en vivo se transfería al público, quienes los recibieron de una manera majestuosa. 

Michele Luppi (o “Miguel Lobos” como se presentó en plena presentación) regresó a la banda junto con Oleg Smirnoff, tecladista emblemático de la agrupación, que junto a Olaf Thörsen (miembro fundador y guitarrista), Federico Puleri (guitarra) y Andrea “Tower” Torricini (bajo) presentan el núcleo, pero no sin un nuevo empuje gracias a la batería de Matt Peruzzi, quien fue la “máquina perfecta” durante todo el show.

El viaje comenzó de forma directa y poderosa con “The Secret of Life” y la euforia melódica de “Colours of My World”, estableciendo un ritmo imparable que duraría más de una hora. El primer segmento demostró que la banda ha recuperado esa química inigualable que los catapultó a la cima.

El corazón del espectáculo, sin duda, latió al ritmo de la era Luppi. Himnos como la técnica y precisa “The Perfect Machine” y la dramática “The 25th Hour” brillaron, con la voz de Luppi alcanzando notas estratosféricas mientras navegaba por las complejas estructuras armónicas. El guitarrista Federico Puleri se complementó a la perfección con Thörsen, añadiendo capas de virtuosismo en cada solo.

El pulso progresivo se intensificó con “Alpha & Omega”, donde Oleg Smirnoff en los teclados aportó la densidad atmosférica que solo él puede evocar, reviviendo la magia del “Stream of Consciousness”. Luego, desataron su lado más oscuro y potente con la descarga de adrenalina de “God is Dead”, un tema que encendió al público con su intensidad rítmica.

Para el tramo final, la banda ofreció un contrapunto dinámico con la melancolía profunda de “Out of a Distant Night (Voices)”, seguido por la complejidad intrincada de “Versions of the Same”, una prueba de fuego para la base rítmica de Andrea Torricini y Matt Peruzzi, superada con maestría.

Finalmente, cerraron la noche de forma apoteósica. Con una emotividad que resumió toda la trayectoria de la banda, Vision Divine se despidió con la monumental “La Vita Fugge”. Fue un final poderoso, dejando claro que esta formación está en su mejor momento y ha regresado para reescribir la historia del metal melódico. 

Fotografías por Rubén Garate @brutal_pebre_

Luego de un pequeño descanso, el Teatro Cariola fue incendiado por el fuego del true heavy metal alemán, cortesía de los incombustibles Grave Digger. Ante un público chileno inmensamente cálido que llenó el recinto, los liderados por el icónico Chris Boltendahl demostraron por qué son leyendas vivientes del heavy metal épico.

El concierto arrancó con una inyección de energía cruda. Los acordes sombríos y poderosos de “Twilight of the Gods” sirvieron de bienvenida, seguidos de la teatral y vibrante “The Grave Dancer”, que puso a prueba las cuerdas vocales de la audiencia desde el primer minuto. La banda, con su característico estruendo de guitarras y doble pedal, estableció un pacto de lealtad con los presentes.

Manteniendo la presión, Grave Digger no dio tregua. El setlist se centró en la fuerza implacable con “Kingdom of Skulls” y el golpe de mazo de “Under My Flag”. Sin embargo, el momento cumbre llegó con la explosión de voces y emoción que generó “Valhalla”, un himno coreado a todo pulmón que hizo temblar la estructura del viejo teatro.

El viaje musical se adentró en sus sagas históricas con la tríada medieval de “Holy Grail”, la atmósfera densa de “Dark of the Sun” y la narración implacable de “The Course of Jacques”, ofreciendo un respiro temático antes de regresar al headbanging con “Shadows of a Moonless Night”.

La recta final del set principal se convirtió en un festín de clásicos. Los épicos temas de la leyenda artúrica, “The Roundtable” y “Excalibur”, elevaron el estándar de la noche, culminando el segmento principal con la pesada tríada de “The Devil’s Serenade”, el grito de guerra “Back to the Roots” y, por supuesto, la ineludible “Rebellion (The Clans Are Marching)”, un final ensordecedor que, sabíamos, solo era una pausa.

El público exigió más, y el encore no se hizo esperar. Grave Digger volvió con su himno escocés por excelencia, “Scotland United”, desatando la locura. La banda remató la noche con una ráfaga imparable: “Circle of Witches”, la icónica “Witch Hunter” y, para pulverizar cualquier resto de energía, el demoledor “Heavy Metal Breakdown”. Una noche perfecta para reafirmar la vigencia y el legado de Grave Digger.

Fotografías por Rubén Garate @brutal_pebre_

Masterplan demostró en el Teatro Cariola por qué es una de las fuerzas más respetadas del power metal europeo. Liderados por el fundador Roland Grapow (ex-Helloween), la banda ofreció un setlist que fue un equilibrio perfecto entre himnos melódicos y riffs contundentes, ante un público entregado desde el inicio.

El ataque inicial fue demoledor. Temas como “Enlighten Me” y “Spirit Never Die” establecieron inmediatamente el tono: precisión técnica con una inyección de emoción épica. El vocalista, con su voz potente y clara, conectó sin esfuerzo con los seguidores, quienes corearon cada verso. La intensidad se mantuvo con la dramática “Lost and Gone” y la velocidad de “Crimson Rider”, calentando el ambiente del antiguo teatro.

Demostraron su virtuosismo a mitad del show con la pegadiza “Back for My Life” y la épica “Kind Hearted Light”. Sin embargo, el clímax nostálgico llegó con el esperado guiño a Helloween: la magistral interpretación de “The Time of the Oath”. Fue un momento de comunión, con todo el reciento coreando el clásico que recuerda las raíces de Grapow.

Masterplan no permitió que la energía decayera. Siguieron sin pausa con la inspiradora “Keep Your Dream Alive”, la potente “Crystal Night” y la oscura “Soulburn”. El set principal culminó de forma grandiosa con el himno “Heroes”, una despedida que parecía definitiva, pero que la pasión del público chileno se negó a aceptar.

El rugido de la audiencia pidiendo más fue irresistible. Masterplan regresó al escenario para un encore inolvidable, desatando la joya “Crawling from Hell”. Este tema no solo se interpretó, se transformó. La banda lo alargó por más de diez minutos en una jam session monumental. Hubo solos extendidos, un segmento donde el público cantó a cappella y, para sorpresa de todos, una improvisación de un trozo del clásico “Burn” de Deep Purple, fusionando el power metal con el hard rock fundacional. Fue un final orgánico y glorioso, dejando a todos los presentes con la certeza de haber presenciado una noche histórica y llena de magia musical.

Fotografías por Rubén Garate @brutal_pebre_

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